Un mar de navegar

Mi pasiòn por el mar y las islas me ha llevado a amar mucho la region Umbria. Asì defino aquel paisaje: un mar abierto delante el pòrtico de la casa en la que vivo. Esto es lo que he dicho observando la regiòn desde un helicòptero en ocaciòn de un rodaje. Es asì que qualquiera puede verla, alcanzàndola desde una carretera secundaria, la cumbre da una colina sombria o la torre de uno de sus castillos. Desde el alto, tendrà delante a sì mismo un mar verde con matices particulares, siempre distintos, en aquel dulce extenderse hasta esfumarse al horizonte con el cielo.

Emergen sus islas, florecientes jorobas del paisaje (llamarlas montanas es demasiado) y todas juntas son tantas, formando un gran arcipièlago. Como tal se presentan: muy sìmiles entre ellas y al mismo tiempo con una propia caracterìstica, una propia identidad, inconfundible aunque cuando es pequena.

“Mi isla” tiene enfrente otras tan cercanas, que se siente el sonar de la campana de la iglesia.Un eco diverso del que me llega desde el pueblo de la colina opuesta. Diversa tambien en los matices, por ejemplo: cuando voy a comprar el pan y el periòdico, llego hasta la plaza de aquel pueblito y  no de otro, entonces enseguida se presenta la tìpica caracterìstica de un arcipièlago, la identidad-diversidad. La placita donde arribo no es diferente de aquella de donde parto cotidianamente (la misma arquitectura simple, el mismo color càlido del cocido y de los ladrillos), pero aquì el espacio es de forma perfectamente cuadrada mientras en la otra es oval. Aquì, el balcòn con vista al valle que està debajo recibe la sombra de una fila de cipreces seculares; allà en cambio, es un pòrtico cubierto de tejas. Puede ser que en èste pueblo el aceite presente diferencias respecto del aceite que se produce en mi pueblo, quizàs porque es diversa la experiencia de quien maneja el lagar, èste trabaja en caliente, mientras aquel, a frìo. Estoy seguro que las diferencias màs importantes son otras, entre una “isla umbra”  y otra. Aquì un fresco del Perugino se deja observar de quien lo admira como monarca de la pintura italiana. Allì llevan en proceciòn una reliquia de plata, de oro y de esmaltes traslucidos, obra ùnica por formas y colores. Es allì, en aquella plaza donde suenan las bandas de Umbria Jazz, en la otra un gran Director dirige una famosa orquesta clàsica.

De estas infinitas, diversas, grandes e imprevedibles ofertas culturales, culinarias, meteorologicas qualquiera que sea dispuesto a navegar en el mar de la regiòn Umbria y sus islas podrà encontrar notas exhaustivas y la ruta para conocerlas, leyendo una buena guìa (pardon, querìa decir portulano).

Agrego sòlo un consejo: preferir sobre todo la navegaciòn a vista. Ocurre tener  el coraje de dejar la ruta asfaltada y afrontar una frenada, aunque si a veces puede parecer casi impraticable y se sufre por los baches y las piedras. Pero no se arrepiente porquè se llega al final hasta un grupito de casas sepùltas entre los olivos, y desde arriba nos damos cuenta que, el mar verde che se extiende en al valle debajo por un golpe de viento, diventa plateado; como sucede a quièn navega en alto mar y se tropieza con un ventarròn de Mistral y ve la cresta de las ondas blanquear de espumas.

O bièn desde aquel punto alto de el paesaje se puede ver surgir desde el skyline de las colinas la forma octogonal de una torre, o la cumbre perforada de una catedral.

Foto di Michele Tortoioli - www.regione.umbria.it

En este caso puede ser aquella de Orvieto, bajo la cuàl restamos admirados con mì mujer Anna.

Un dìa nos encontramos a observarla junto a un amigo crìtico de arte refinado, Cesare Brandi.

El observò por un lungo tiempo la catedral, dorada en la ùltima parte del dìa, no dijo nada, pero despuès por el rodaje que estaba realizando me escribiò algunas lineas conmoventes:  “Es la mas bella de Italia, esa fachada, inmensa, diminuta como una miniatura esculpida, como una pagina que no se puese girar, la observas sin fin y algo se derrite dentro de ti, en silencio como una comuniòn”.

www.folcoquilici.com

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24 enero 2019 Folco Quilici

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